Teotihuacán es un lugar trascendental. Pocas ciudades del mundo antiguo concentran tal densidad simbólica, peso histórico y capacidad de generar asombro. En su etapa de mayor esplendor, la "ciudad de los dioses" fue la metrópoli más grande e influyente de su época en todo el continente americano. Aquí se desarrolló una cultura durante aproximadamente nueve siglos, posteriormente tuvo distintas funciones y etapas, hasta convertirse en lo que es actualmente: una de las zonas arqueológicas más importantes y populares del mundo.
Mientras estuvo vigente su civilización original, la historia teotihuacana se organiza en siete fases. Luego de su colapso, en el siglo XIII arribaron del norte grupos de lengua yuto-azteca que, al pasar por allí, la encontraron abandonada. Lejos de ignorar las ruinas, las convirtieron en el escenario de uno de sus mitos fundacionales: el nacimiento del Quinto Sol. Excavaron el sitio en busca de objetos sagrados, imitaron sus formas arquitectónicas y pintaron murales que recordaban la tradición pictórica de la gran metrópoli.
Siglos más tarde, ya en la época moderna, el sitio continuó acumulando capas de significado. Las primeras excavaciones sistemáticas se remontan al siglo XIX, y desde entonces se han dedicado décadas de investigación interdisciplinaria que enriquecieron, y continúan haciéndolo, la comprensión de lo que aquí ocurrió. Teotihuacán se incorporó a la lista de sitios considerados Patrimonio Mundial por la UNESCO el 11 de diciembre de 1987, reuniendo los seis criterios culturales que el organismo internacional define para dicha declaratoria, entre ellos representar una obra maestra del genio creativo del hombre y ser manifestación de un intercambio de influencias considerable en el desarrollo de la arquitectura.
Contando desde los primeros asentamientos en el valle, hacia el año 200 a.C., hasta el presente, Teotihuacán acumula más de 22 siglos de historia continua: primero como aldea, luego como metrópoli, después como ruina sagrada, más tarde como objeto de la ciencia arqueológica y, finalmente, como patrimonio de la humanidad. La historia de esta gran ciudad es uno de los relatos más fascinantes que el México antiguo ha dejado a la humanidad.
200–1 a.C. — Las aldeas del valle (fases Tezoyuca y Patlachique)
Todo comenzó de forma orgánica y gradual. En los siglos anteriores al inicio de la era cristiana, el valle donde nació Teotihuacán era un área especialmente propicia para la siembra. Alrededor, en las laderas, se dispersaron pequeñas aldeas que aprovechaban la generosidad de esas tierras y la abundancia de obsidiana. Con esta roca volcánica negra y filosa se fabricaban toda clase de instrumentos punzocortantes, y fue uno de los insumos más demandados de Mesoamérica. Estas condiciones favorecieron la formación gradual de una de las ciudades más grandes del mundo antiguo.
1–150 d.C. — El trazado fundacional (fase Tzacualli)
Hacia el inicio de la era cristiana, Teotihuacán dejó de ser un cúmulo de aldeas para convertirse en un proyecto urbano sin precedentes en el continente americano. Se estima que durante esta fase la ciudad alcanzó varios kilómetros cuadrados de superficie y una población aproximada de 30,000 habitantes. Se construyeron las primeras etapas de las Pirámides del Sol y de la Luna, así como plazas y templos. En pocas generaciones, un asentamiento regional se transformó en una ciudad planificada. La concentración demográfica fue tan intensa que, durante esta fase, una buena parte de la Cuenca de México podría haberse reorganizado en torno a Teotihuacán, con numerosas aldeas de la región integrándose a la nueva ciudad.
150–250 d.C. — La ciudad se ordena (fase Miccaotli)
El siglo y medio siguiente fue testigo de la consolidación del diseño urbano que hace de Teotihuacán uno de los experimentos de planificación urbana más sofisticados de la Antigüedad. Durante la fase Miccaotli se construyeron la Calzada de los Muertos y el Templo de la Serpiente Emplumada. La ciudad se transformó entonces en una verdadera metrópoli planificada con un diseño urbano ortogonal —definido por la Calzada de los Muertos en el eje norte-sur y la desviación del río San Juan en el eje este-oeste— y caracterizada por la arquitectura talud-tablero. Fue también en esta fase cuando se realizaron las grandes transformaciones rituales del corazón de Teotihuacán: las excavaciones del Proyecto Tlalocan del INAH han documentado que hacia 150-200 d.C. se modificó la traza entera de la ciudad en tres grados, derribando estructuras previas para levantar el nuevo orden sagrado. La Ciudadela, corazón político y ceremonial de la ciudad, tomó su forma definitiva en esta etapa.
250–400 d.C. — La consolidación del Estado (fase Tlamimilolpa)
Durante la fase Tlamimilolpa, Teotihuacán completó su transformación en un Estado maduro y complejo. Se consolidó un gobierno que controlaba el sistema económico, político y religioso. La población aumentó a cerca de 65,000 habitantes y surgieron los grandes conjuntos habitacionales en una compleja distribución interna. Fue el momento en que la ciudad perfeccionó su modelo residencial más característico: el conjunto departamental, esa unidad donde familias extensas convivían, trabajaban y rendían culto en torno a un patio central. Durante esta fase, la llegada a la ciudad de materias primas e insumos procedentes de regiones distantes impulsó un comercio particularmente dinámico. La obsidiana verde de la Sierra de las Navajas se convirtió en el principal producto de exportación, y las redes comerciales teotihuacanas se extendieron desde el árido norte de Mesoamérica hasta las tierras bajas mayas del Petén.
400–650 d.C. — El apogeo (fase Xolalpan)
En su apogeo, entre 350 y 550 d.C., Teotihuacán tenía una población de más de 100,000 habitantes. Para ese entonces el área urbana alcanzaba 20 kilómetros cuadrados y contaba con más de 2,000 conjuntos habitacionales. Fue la sexta ciudad más grande del mundo antiguo, solo detrás de urbes como Constantinopla y Alejandría. En esta fase florecieron los grandes murales de Tepantitla, Atetelco y Tetitla; se consolidaron los barrios de extranjeros habitados por grupos zapotecas, mayas y de la costa del Golfo; y el radio de influencia teotihuacana alcanzó su máximo histórico.
650–750 d.C. — La crisis y el fuego (fase Metepec)
El declive llegó con una violencia cuyos detalles aún se discuten. Los datos arqueológicos muestran que en algún momento del siglo VI-VII d.C. Teotihuacán sufrió una fuerte crisis que terminó con la cultura teotihuacana. La idea de que la ciudad fue destruida por el fuego ha sido confirmada por las prospecciones realizadas en el sitio. Las causas continúan siendo objeto de investigación: se han propuesto cambios climáticos, agotamiento de los bosques circundantes que abastecían de madera y combustible a la ciudad, revueltas internas de los grupos populares contra la élite, y la presión de nuevas potencias regionales que fueron estrangulando las rutas comerciales teotihuacanas. Lo cierto es que solo pequeños grupos quedaron a la sombra de los monumentos y palacios abandonados; gobernantes, sacerdotes, comerciantes y artesanos se retiraron. El incendio que arrasó el centro ceremonial no fue accidental: las evidencias sugieren que fue intencional, quizás el gesto final de una sociedad que alguna vez fue gloriosa pero cuyo ciclo había terminado.
750 d.C. en adelante — La ciudad que no muere
El abandono de Teotihuacán no significó su fin simbólico, pues nunca fue abandonada del todo. Por ejemplo, las estructuras de la Pirámide del Sol y de la Luna no fueron sistemáticamente desmanteladas. En cambio, formaron parte de un nuevo imaginario colectivo por el que fueron readaptadas a las concepciones y necesidades de los grupos del momento. Los grupos nahuas, que llegaron siglos después, se inspiraron en el trazo de la ciudad por cuadrantes, extrajeron objetos sagrados y pintaron motivos que recordaban la tradición pictórica de la gran metrópoli. Por sus valores históricos, culturales y educativos, Teotihuacán es hoy uno de los sitios arqueológicos más visitados del mundo, y en 1987 fue incorporado a la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Hoy, Teotihuacán recibe millones de visitantes cada año. Su presencia forma parte de la vida cotidiana de los pueblos aledaños, cuya historia, identidad y economía están estrechamente vinculadas al sitio. Los arqueólogos siguen excavando, y cada temporada de campo produce hallazgos que obligan a reescribir lo que creíamos saber. Veintidós siglos después de los primeros asentamientos en el valle, la ciudad sigue siendo un lugar activo, disputado, estudiado y visitado. No es una ruina: es un proceso que continúa.
- Historia breve de Teotihuacan. Instituto Nacional de Antropología e Historia.
- Patrimonio Mundial México, Teotihuacán.
- "Teotihuacan", Arqueología Mexicana, INAH.
- La arqueología de Teotihuacan", Arqueología Mexicana, INAH.
- Coordinación Nacional de Arqueología, INAH
- "Epiclásico (650-900 d.C.): Caída de Teotihuacan y nuevas formas de organización", Arqueología Mexicana, INAH.